Extracto de mi diario de viaje en Taos, Abril 2018.

La vida está llena de paradojas. De oposiciones. De contradicciones. Y sin embargo, la forma que tenemos de comprenderla, es a través de esas mismas paradojas.
Comprender desde la separación, la unidad con el todo.
Esa ilusión de control, de ser creadores de realidad pero aprender a permanecer en la quietud porque no hay nada que cambiar: todo está en orden. [..]
Es como un espiral infinito, en el que uno siempre termina donde empieza. Para volver a empezar, para seguir purificando. Todas las experiencias en la vida sirven a ese camino. Incorporarlas, incorporarse, los pedacitos separados de un todo, como el rompecabezas más difícil que hayas tenido que armar, ese que viene con un millón de piezas chiquititas pero sin ninguna instrucción, y ni siquiera trae el dibujo en la tapa. Un rompecabezas que trae piezas de más, que no encajan, y al que le faltan otras. Claro, es mas fácil empezar por los bordes, pero el desafío, para llegar al centro, hay que observar los detalles, colores y formas de cada pieza, y así poder conectarla con la de al lado. Y sin poder ver la foto, no hay lugar a la expectativa. Puede ser cualquier cosa, un paisaje, un barco, una flor.
De a poco, la imagen se va armando en el camino.
[..]Observar el detalle, para ver lo global. Ser síntesis y a la vez, expansión. Ser reflejo y reflejado. Ser el sueño y el soñador, ser espíritu y ser materia. Ser círculo, triángulo y cuadrado. Ser uno, ser todos y sentir todo y no sentir nada. Morir y renacer. Incorporarme, para incorporarte, para incorporarme. Sin esperar nada, a la vez que estar abierto a todo. Equivocarse, aprender y todo el tiempo desaprender. Empezar, terminar, y volver a empezar. Vivir con integridad, con uno mismo, para poder ver con integridad al otro. [..]
La vida es una síntesis perfecta de contrarios.

